Hay una decisión que precede a todas las demás en la preparación del sermón. Una decisión que moldea el todo lo que viene después: la selección del texto. El texto que eliges determina el tema, la profundidad teológica, el tono pastoral y la dirección de aplicación de tu mensaje. No es una decisión menor —es el punto de partida de todo.
Y sin embargo, muchos predicadores la toman de manera impulsiva, por hábito o sin mayor reflexión. "Este versículo me vino a la mente esta semana." "Vi una cita en redes sociales." "Alguien me preguntó sobre esto." Nada de eso es necesariamente malo. Pero tampoco es suficiente.
La selección del texto merece su propio tiempo, su propio proceso, su propia oración.
La pregunta que debe guiar todo
La selección del texto siempre debe responder a esta pregunta central: ¿Qué necesita escuchar esta congregación en este momento?
Esa pregunta tiene dos dimensiones que el predicador sabio mantiene en tensión permanente:
La dimensión pastoral: ¿Qué está viviendo la congregación ahora mismo? ¿Cuáles son las preguntas, los miedos, los dolores, las tentaciones, las alegrías que están presentes en las vidas de las personas que escucharán este sermón?
La dimensión profética: ¿Qué necesita escuchar la congregación aunque no se lo haya pedido? El predicador fiel no solo responde a demandas explícitas —también anticipa necesidades no articuladas, corrige con amor desviaciones doctrinales, y mantiene el equilibrio de las verdades bíblicas a largo plazo.
Un pastor que solo predica lo que su congregación quiere escuchar es un adulador, no un predicador. Pero uno que ignora completamente la realidad vivida de su congregación es un académico en un púlpito, no un pastor.
Cinco criterios para elegir un texto bien
1. Pertinencia pastoral
¿Este texto habla a la vida real de tu congregación hoy? No en abstracto —concretamente. El agricultor que está enfrentando una cosecha perdida, la madre soltera que está criando sus hijos sola, el joven profesional que siente que su fe choca con su mundo laboral. ¿Hay en este texto algo que hable directamente a alguna de esas realidades?
La pertinencia no significa seleccionar solo textos de confort. A veces el texto que más necesita la congregación es el más desafiante. Pero siempre debe haber un punto de contacto claro entre el texto y la vida.
2. Claridad comunicable
¿Puedes predicar este texto de manera que sea claro y accesible para tu congregación específica? Un texto que requiere diez páginas de trasfondo histórico para ser entendido no es el mejor candidato para un domingo con muchos visitantes. Un texto que aborda directamente un tema con el que todos están lidiando puede no necesitar casi nada de contexto.
Esto no significa evitar pasajes difíciles. Significa elegirlos en el momento adecuado, cuando tienes el tiempo y el espacio para hacerles justicia.
3. Suficiencia del contenido
¿Tiene este texto suficiente contenido teológico y narrativo para sostener un sermón completo? Algunos textos son ricos en contenido —podrías predicar varios mensajes distintos desde el mismo pasaje. Otros son breves y requieren ser contextualizados con pasajes paralelos.
Si estás predicando en serie expositiva, esta decisión ya está tomada. Pero si estás seleccionando un texto único, asegúrate de que el pasaje tenga suficiente sustancia para que el sermón tenga peso.
4. Cobertura balanceada a largo plazo
Este criterio aplica especialmente para el predicador principal de una congregación. ¿Estás cubriendo de manera balanceada las grandes verdades bíblicas a lo largo del tiempo? ¿O tienes textos favoritos que predicas repetidamente mientras ignoras otros igualmente importantes?
Un buen predicador es como un buen médico: no trata solo los síntomas que el paciente presenta, sino que también hace revisiones preventivas. Hay verdades bíblicas que tu congregación necesita escuchar aunque no las estén pidiendo: la santidad de Dios, el juicio final, el llamado al sufrimiento, la ética del dinero, la sexualidad bíblica.
5. Tu propia convicción
¿Estás convencido de este texto? ¿Te ha hablado a ti? Los mejores sermones nacen de un encuentro personal del predicador con el texto. Cuando dices "esto me cambió a mí esta semana", la congregación lo siente aunque no lo digas explícitamente.
Nunca prediques un texto que no te ha movido a ti primero. Y si llegas al final de tu preparación y el texto todavía no te ha movido, puede que necesites orar más tiempo, estudiar más profundo, o reconocer que no estás en el lugar espiritual para predicar ese mensaje hoy.
Modos de selección de texto
Hay básicamente tres enfoques para la selección de texto, y cada uno tiene su lugar:
La predicación en serie: Predicas libros completos de la Biblia, capítulo por capítulo. La selección de texto está determinada por dónde te encuentras en el libro. Las ventajas son enormes: fidelidad al contexto, cobertura sistemática, y protección contra los textos favoritos del predicador. Es el modo ideal para la formación bíblica profunda.
La predicación de temporada: Predicas sobre textos relacionados con las estaciones del año litúrgico (Adviento, Cuaresma, Navidad, Semana Santa) o con momentos especiales de la comunidad. Requiere planificación anticipada pero produce mensajes contextualmente potentes.
La predicación por respuesta pastoral: El texto surge de una necesidad concreta que el pastor está viendo en su congregación. Hay un tema, una crisis, una pregunta recurrente en las conversaciones de consejería, y el pastor busca en las Escrituras el texto que habla directamente a esa realidad.
La planificación como protección
Una de las mejores prácticas para la selección de texto es planificar con varios meses de anticipación. Cuando tienes un calendario de predicación trazado para los próximos tres o seis meses, puedes asegurarte de que estás cubriendo el espectro de las necesidades pastorales, las estaciones del calendario litúrgico y el equilibrio doctrinal que tu congregación necesita.
Esta planificación no tiene que ser rígida. Hay semanas en que la realidad pastoral exige un texto diferente al planificado. Pero tener un plan previo es lo que te permite tomar esa decisión conscientemente, en lugar de llegar al jueves sin saber qué predicar el domingo.
El texto bien elegido no es el punto final de la preparación —es el punto de partida. Pero si ese punto de partida es sólido, todo lo que construyes sobre él tiene mayor posibilidad de ser fiel, relevante y transformador.
Eso es exactamente lo que una congregación merece cada vez que se sienta a escuchar la Palabra.