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Cómo predicar textos difíciles de la Biblia sin evitarlos

Violencia, sexualidad, juicio divino, predestinación — el pastor fiel no evita estos textos. Aprende cómo abordarlos con valentía, cuidado y claridad.

30 de abril de 20256 min read

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Hay una tendencia comprensible pero peligrosa en la predicación pastoral: evitar los textos difíciles. Pasarse semanas estudiando y predicando los pasajes favoritos, las promesas reconfortantes, las historias edificantes, mientras se salta cuidadosamente los textos que generan preguntas incómodas, que describen realidades que preferiríamos no abordar, o que la cultura contemporánea encuentra ofensivos.

Esa estrategia de evasión puede parecer pastoralmente prudente a corto plazo. A largo plazo, produce congregaciones teológicamente inmaduras que no saben cómo responder cuando alguien les pregunta sobre la masacre de los cananeos, o sobre la predestinación, o sobre la sexualidad, o sobre el juicio eterno.

El pastor fiel predica toda la Biblia —incluyendo las partes que duelen, que desconciertan y que incomodan. No porque disfrute provocar, sino porque sus ovejas merecen la totalidad de la Palabra de Dios.

Por qué los textos difíciles son un regalo

Antes de hablar de cómo predicarlos, es importante cambiar la perspectiva sobre los textos difíciles. No son obstáculos en el camino de la predicación —son oportunidades.

Son oportunidades para mostrar a la congregación cómo abordar preguntas difíciles con honestidad intelectual y fe madura. Son oportunidades para demonstrar que la fe cristiana no tiene miedo de las preguntas sino que las abraza. Son oportunidades para profundizar la comprensión de la naturaleza de Dios —incluyendo las dimensiones de su carácter que la cultura contemporánea prefiere ignorar.

Y son oportunidades para el predicador de crecer. Los textos que más nos cuestan suelen ser los que más nos forman.

Categorías de textos difíciles

No todos los textos difíciles presentan el mismo tipo de dificultad. Identificar la categoría ayuda a determinar la estrategia.

Textos moralmente desconcertantes

Estos son textos que describen comportamientos que parecen estar en conflicto con nuestra comprensión de la ética cristiana. Las guerras de conquista del Antiguo Testamento. La historia de Abraham dispuesto a sacrificar a Isaac. Los "salmos imprecatorios" que piden la destrucción de los enemigos. Lot ofreciendo a sus hijas a la multitud violenta.

La clave hermenéutica aquí es recordar que la Biblia narra lo que ocurrió, no siempre lo que aprueba. Dios se revela en medio de la historia humana —con toda su brutalidad, su conflicto y su complejidad moral. La narrativa bíblica no es un manual de comportamiento ideal; es el registro de la actuación de Dios en el mundo real y caído.

Además, muchos de estos textos necesitan ser leídos en el contexto de la revelación progresiva: Dios reveló su voluntad y su carácter de manera gradual a través del tiempo, y lo que era tolerable en etapas tempranas fue siendo reemplazado por la plenitud de la revelación en Cristo.

Textos doctrinalmente tensos

Estos son pasajes que abordan temas doctrinales sobre los cuales los creyentes sinceros tienen posiciones distintas: predestinación y libre albedrío, el rol de las mujeres en la iglesia, el bautismo, los dones espirituales, la escatología.

Para estos textos, el predicador tiene la responsabilidad de presentar las diferentes posiciones que los creyentes serios sostienen, explicar el razonamiento hermenéutico detrás de cada una, y tomar una posición clara —sin pretender que su posición es la única posible para los que leen la Biblia honestamente.

La honestidad intelectual en estos textos produce congregaciones más maduras que pueden dialogar con perspectivas distintas sin entrar en pánico doctrinal.

Textos culturalmente ofensivos

Estos son pasajes que la cultura contemporánea encuentra directamente ofensivos: la exclusividad del evangelio, la realidad del infierno, la ética sexual bíblica, la soberanía de Dios sobre la vida y la muerte.

Predicar estos textos requiere una combinación de valentía y compasión. Valentía para no suavizar lo que el texto dice claramente. Compasión para reconocer que estas verdades pueden ser dolorosas para personas reales que están en la congregación, y comunicarlas con la ternura que merece la dificultad que generan.

El predicador no tiene el derecho de cambiar lo que el texto dice —pero sí tiene la responsabilidad de explicar por qué esa verdad difícil es, en última instancia, una expresión del amor y la fidelidad de Dios.

Textos lingüísticamente complejos

Algunos textos son difíciles no por su contenido moral o doctrinal sino por sus complejidades lingüísticas y literarias: el hebreo oscuro de ciertos pasajes proféticos, el griego denso de algunas epístolas paulinas, el simbolismo del Apocalipsis.

Para estos textos, la disciplina exegética es el principal recurso. El predicador necesita hacer el trabajo lingüístico e histórico que permite entender lo que el texto está diciendo antes de poder proclamarlo con claridad.

Principios prácticos para predicar textos difíciles

Prepárate más, no menos. La tentación cuando encuentras un texto difícil es preparar menos porque sientes que no lo entiendes bien. Resiste esa tentación. Los textos difíciles merecen más preparación, no menos. Profundiza en los comentarios, consulta diferentes perspectivas, ora más.

Sé honesto sobre la dificultad. No pretendas que el texto no es difícil. La congregación ya sabe que es difícil —esa es parte de la razón por la que han esperado años a que alguien lo aborde desde el púlpito. Nombrar la dificultad al inicio del sermón establece honestidad y crea confianza.

No suavices para hacer el texto aceptable. El objetivo no es hacer que el texto sea aceptable para la cultura contemporánea. Es ayudar a la congregación a entender qué dice el texto en su contexto, por qué lo dice, y qué implica para la vida cristiana.

Muestra el camino, no solo el destino. Para los textos más difíciles, parte del valor del sermón está en mostrarle a la congregación cómo un creyente maduro procesa una dificultad bíblica —con preguntas honestas, con estudio serio, con fe que no requiere respuestas fáciles para mantenerse.

Termina en el evangelio. Los textos más oscuros del Antiguo Testamento encuentran su resolución en Cristo. El juicio divino señala a la cruz. La violencia de la conquista apunta a la guerra espiritual que Jesús ganó definitivamente. Llevar el texto difícil hacia su resolución en la persona y obra de Cristo es tanto hermenéuticamente correcto como pastoralmente necesario.

Predicar los textos difíciles es una de las marcas del predicador maduro. Es también una de las maneras más poderosas de comunicar a la congregación que la Biblia puede sostenerse ante las preguntas más duras —y que la fe no necesita esconderse de ellas para sobrevivir.

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